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El primer Sajambriego ilustre del que se tiene noticia es Don Pedro Díaz de Oseja, Arcediano de Villaviciosa en la Iglesia de Oviedo. Dicho arcedianato comprendía entonces a prácticamente todo el oriente de Asturias, ostentando D. Pedro un gran poder dentro de la jerarquía eclesiástica, lo cual es mucho decir teniendo en cuenta la época en que vivió.

Pedro Díaz nació en Oseja en 1583, hijo del notario de Sajambre D. Diego Díaz de Oseja. Su madre, Dña Juana Fernández de Bulnes, enviudó cuando Pedro tenía 12 años, edad en la que fue llevado a Cabrales por Gaspar Alonso de Bulnes. El mismo Gaspar debió además mandarlo posteriormente a Oviedo, dónde inició sus estudios eclesiásticos.

En 1604 Pedro Díaz de Oseja viaja a Madrid, donde pasa a formar parte de la clientela del auditor del Tribunal del nuncio apostólico. En 1609, es clérigo subdiácono de la Diócesis de León y solicita ser examinado para poder optar a beneficio curado.

Ese mismo año 1609, aún sin haber conseguido el presbiterio, le quita el curado de Oseja a Juan González Prada, estableciendo aquí un pleito con éste que se prolongará hasta 1621. Durante estos años la posesión del curado de Oseja cambió de uno a otro en varias ocasiones. En 1612 ya figura como clérigo presbítero de la diócesis de León y como notario apostólico de la audiencia y tribunal de su Santidad en la villa de Madrid.

Durante el año 1620 Pedro Díaz se encuentra en la ciudad de Roma en calidad de Capellán del Embajador de España, cuando muere Toribio Arenas de Posada, arcediano de Villaviciosa. Tan sólo un año más tarde, haciendo valer sus importantes influencias, D. Pedro pasa a ocupar esta plaza.

Como arcediano destaca por su defensa de los derechos de la dignidad arcedianal, estando a la cabeza del poderoso grupo de los arcedianos, seriamente amenazados por la aplicación de las disposiciones del Concilio de Trento.

Durante su vida, el arcediano fue adquiriendo diversas tierras y posesiones en Sajambre, que se unirían a los bienes que ya tenía en Asturias y Valdeón, además de establecer diversos negocios en Madrid y en Roma.

Próximo ya a su muerte, acontecida el 18 de febrero de 1665 en Oviedo, el arcediano decide donar todos sus bienes al prójimo, repartiéndolos entre la Iglesia y el municipio de Sajambre, especificando esta voluntad en su testamento. De esta forma funda en Oviedo el Colegio Seminario de San José, precedente del seminario diocesano de Oviedo.

Además, con afán de mejorar la vida de los vecinos de Sajambre, construye la escuela de Oseja, otorgándole además una renta para el sueldo del maestro. Lega 50 parejas de bueyes, en la denominada Obra Pía, para arrendarlos a un precio módico a los labradores necesitados, así como 50 ducados para cada una de las tres circunscripciones de Sajambre, destinados a prestar y socorrer a los necesitados del dicho concejo. Establece de igual forma una serie de dotes anuales para cinco muchachas pobres parientes suyas y otros necesitados de esta tierra. Todas las rentas que se generaban de sus bienes revertían de nuevo en su obra, para su mantenimiento y continuidad, hasta la desamortización eclesiástica, estando encargado para que así se cumpliese su sobrino Diego Díaz de Oseja.

Entre su legado se encuentra también la celebración de una misa semanal todos los sábados en Soto, con el fin de que Sajambre pueda contar con un cura más, así como una aportación anual para las iglesias de Oseja y de Soto, donde él había sido cura.

Por último, con el fin de mejorar las comunicaciones de Sajambre destina 20 ducados al año en la reparación y mejora de la principal vía del municipio de esa época, que ya había arreglado con anterioridad y al que le debe su nombre: la senda del Arcediano.

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